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No tendrás nada y serás feliz

No tendrás nada y serás feliz

Por: Miguel Jiménez

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Tú respondes por lo que digan tus agentes

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Por Daniel Berenguer · 27 de agosto de 2026

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La autocustodia no elimina el riesgo. Lo cambia de sitio

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Por Carlos Molinillo · Agosto de 2026

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Automatización en el hogar: tendencias y tecnologías

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En la actualidad, la tecnología avanza a pasos agigantados, transformando cada aspecto de nuestra vida cotidiana. La automatización del hogar, impulsada por la inteligencia artificial (IA), promete revolucionar la manera en que vivimos, ofreciéndonos una existencia más cómoda, segura y eficiente. Pero, ¿qué implica realmente esta transformación y cómo afectará nuestro día a día?

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Plataformas de aprendizaje virtual y gamificación

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¿Preparado para descubrir cómo estas tecnologías pueden revolucionar nuestra forma de adquirir conocimiento? ¡Pues acompañame en este viaje que promete ser épico!

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  1. Aprende Trading4 min

    No tendrás nada y serás feliz

    Por: Miguel JiménezNo tengas nada, no tendrás nada y serás feliz.Es una frase muy típica que hemos escuchado de gente hablando mal o de manera negativa de la Agenda 2030. Pero ¿cuánto de realidad hay detrás de esta afirmación? Acaban de salir numerosos artículos y se están empezando a publicar libros que coinciden en un punto fundamental: el antiguo sistema capitalista tal y como lo conocemos, aquel donde los seres humanos intercambiaban una habilidad o un conocimiento por poco dinero, está llegando a su fin.Elon Musk acaba de presentar Optimus, su nuevo robot con inteligencia artificial. No es una simple maqueta ni una promesa lejana; es un robot físico integrado en un sistema diseñado para hacer la mayoría de las tareas cotidianas e industriales mejor que los humanos: conducir, cocinar o trabajar como vigilantes de seguridad. Cualquier habilidad práctica que se nos pueda ocurrir terminará siendo sustituida por la inteligencia artificial.Del sueño del lujo a la necesidad de defensaHace unos años, cuando yo comencé en el trading, casi todo el mundo entraba al mercado movido por el mismo deseo: un anhelo de libertad financiera, lujos, coches de alta gama y un estilo de vida extravagante. Hoy las reglas del juego han cambiado drásticamente.En el panorama actual, saber invertir ya no se trata de comprarse un superdeportivo; se trata de ser defensivo. Se trata de saber mantener a tu familia y proteger tu patrimonio.Estamos presenciando la tokenización de las acciones y la transformación del mercado tradicional para poder operar 24 horas al día, los 7 días de la semana. La cruda realidad es que la mayoría de las personas van a estar utilizando el poco dinero que les queda en una especie de casino virtual en el que se están convirtiendo los mercados financieros.La última habilidad que nos hace libresEl trading ha dejado de ser una simple habilidad que se aprende para ganar un extra y darse unos caprichos. En el futuro que se está construyendo, dominar los mercados es la única vía para no quedar condenado a recibir una paga universal en forma de CBDC (monedas digitales de banco central), ser sustituido por una máquina y acabar convirtiéndose en un completo cero a la izquierda.El trading es libertad. El trading es dominio.Es una de las pocas habilidades humanas que va a perdurar. A día de hoy, un buen trader sigue tomando mejores decisiones que la mayoría de los sistemas de inteligencia artificial. ¿La razón? El mercado no obedece a un patrón puramente repetitivo; es un entorno dominado por el caos y la arbitrariedad, un terreno donde únicamente las mentes más frías consiguen ganar en el largo plazo.

    07 Sep, 2026
  2. Aprende inteligencia artificial5 min

    Tú respondes por lo que digan tus agentes

    Por Daniel Berenguer · 27 de agosto de 2026El contextoEn agosto de 2026, Sophie Alpert publicó la política de escritura con IA de Clay: un conjunto de principios que nació en su equipo de ingeniería, se extendió a toda la compañía (incluidos candidatos en proceso de selección) y se hizo viral cuando su cofundador la compartió en LinkedIn. La política no prohíbe usar IA para escribir; exige que el autor responda por cada frase, que no delegue el pensamiento y que respete el tiempo del lector.Que se hiciera viral no es casualidad. Todos hemos vivido el mismo síntoma: documentos más largos de lo necesario, secciones que nadie firma, el "esto lo escribió la IA, ignóralo" como excusa aceptable. Clay le puso nombre al problema antes que la mayoría, y eso tiene mérito.Mi posición: la política acierta en el estándar y se equivoca en el mecanismo. Acierta en qué debe cumplir un documento. Se equivoca en dónde pone el foco, en la proporción humano/IA del proceso, cuando el problema real es otro: gente delegando trabajo a una IA a la que nunca le ha transferido su criterio.Lo que Clay acierta, y deberíamos copiar todosRespondes por cada frase que firmasEs la regla más importante del documento y no es una regla sobre IA: es una regla sobre ownership. Si un revisor te pregunta qué querías decir con una línea y tu respuesta es "eso lo puso la IA", el problema no es la herramienta. Es que has publicado algo que no representa tu pensamiento. Esa regla debería existir aunque la IA no existiera.Escribir es pensarClay defiende que documentos como specs, retros o status updates son prueba de pensamiento: el artefacto no es el objetivo, el pensamiento detallado sobre el problema lo es.Estoy de acuerdo al 100%, y es la crítica más seria al uso perezoso de la IA. Si el documento existe para forzarte a pensar, generarlo sin pensar destruye su propósito aunque el texto resultante sea impecable.El coste del lector es multiplicativoUn documento lo escribe una persona y lo leen diez. Cada minuto extra que el autor no invirtió en claridad se paga diez veces. Inflar un prompt corto en un documento largo y pedirle al equipo que lo lea es, literalmente, transferirles tu trabajo.La sugerencia de Clay de compartir el prompt en lugar del output inflado es, para mí, la idea más potente de toda la política. Y la menos desarrollada, como veremos.Lo que se le escapaEl fallo es de contexto, no de modeloLa política trata a la IA como un redactor genérico. Clay argumenta que ninguna reescritura de lenguaje natural es sin pérdidas: si la hace una entidad que no tiene tu representación mental, se pierde información.Cierto, si le pides a un chat en frío que te escriba el documento. Pero esa no es la única forma de trabajar con IA, y cada vez es menos la forma en que trabajan los equipos serios.En mi operación diaria, la IA no escribe "como una IA": escribe con mi formato codificado, mi tono documentado, mi contexto de negocio cargado y mis reglas de qué se dice y qué no. He invertido meses en transferir ese criterio a sistemas: skills, guías de estilo, agentes con SOPs.Cuando el output falla, no es porque la IA no tenga "theory of mind". Es porque yo no he codificado algo que tenía en la cabeza. El fallo es mío y es reparable, y cada reparación queda escrita y escala a todo el equipo. La política de Clay no contempla este escenario, y es precisamente el escenario que va a dominar."Comparte el prompt" es más profundo de lo que Clay creeSi el prompt contiene toda la información y el documento largo solo la diluye, la conclusión lógica no es "escribe más a mano". Es que el prompt es el activo: el contexto, el criterio, la intención comprimida. El documento es solo una de sus renderizaciones.Las organizaciones que entiendan esto dejarán de medir la calidad de los documentos y empezarán a medir la calidad del contexto que los genera. Clay roza esta idea y la suelta.Prohibir síntomas no construye infraestructuraLa política es honesta al admitir que cuando las herramientas mejoren "quizá tenga sentido apoyarse más en ellas". Pero ese matiz temporal es en realidad la tesis central disfrazada de nota al pie.Una política defensiva (vigila el output de la IA porque no es de fiar) envejece con cada release de modelo. Una política ofensiva (codifica tu criterio para que cualquier sistema, humano o IA, produzca output del que respondas) mejora con cada release.Clay eligió la primera. Yo elegiría la segunda, y de hecho es la que aplicamos: el estándar es innegociable, claridad, brevedad y ownership. El proceso es libre.El punto ciegoClay vende agentes de IA que escriben emails, investigan cuentas y generan contenido GTM a escala para sus clientes, mientras su política interna trata el texto generado por IA como sospechoso por defecto.No es hipocresía: el contexto de un cold email y el de una spec técnica son distintos. Pero sí revela que la línea real no es "IA sí / IA no", sino qué outputs requieren pensamiento demostrado y cuáles requieren volumen con calidad suficiente. Esa taxonomía, que es la decisión operativa importante, la política no la hace.Mi conclusiónSuscribo el estándar de Clay: cada frase con dueño, el tiempo del lector como recurso caro, la escritura como prueba de pensamiento. Cualquier equipo que adopte solo eso ya mejora.Pero la política correcta para 2026 en adelante no regula cuánta IA hay en el proceso. Regula la calidad y la responsabilidad del resultado, y obliga a invertir donde está la palanca real: en codificar el criterio de la organización para que la IA escriba como la organización piensa.El equipo que hoy prohíbe y vigila llegará a 2028 con las mismas reglas y peores documentos. El equipo que hoy transfiere su criterio a sistemas llegará con una ventaja que ya no se puede copiar leyendo una política en LinkedIn.La ironía final: la política de Clay es un excelente ejemplo de escritura humana clara con ideas de las que su autora responde. Es decir, es exactamente el tipo de artefacto (criterio explícito, bien comprimido, reutilizable) que yo le daría a una IA como contexto. Lo que Clay escribió como freno es, bien usado, el mejor prompt que ha publicado.

    31 Aug, 2026
  3. Aprende Crypto10 min

    La autocustodia no elimina el riesgo. Lo cambia de sitio

    Por Carlos Molinillo · Agosto de 2026El 30 de julio, entre la 1:10 y la 1:51 de la madrugada, alguien vació 1.196 carteras de bitcoin.1.082 bitcoin. Unos 70 millones de dólares al cambio de ese día.Cuarenta y un minutos.Ninguna de esas carteras estaba en un exchange. Ninguna había tocado internet jamás.Eran carteras frías: aparatos del tamaño de un mando de garaje que guardan tus llaves fuera de la red. Precisamente para que esto no pase.Va la historia. Porque explica mucho mejor que yo algo que llevo años contando en clase.El fallo llevaba cinco años dormidoEl aparato se llama Coldcard. Lo fabrica la canadiense Coinkite y es de los que recomienda la gente que más sabe. Solo bitcoin, sin pantallitas de colores. (Yo lo he nombrado en clase más de una vez, así que este artículo también me toca a mí.)El problema no estaba en bitcoin. Estaba en una línea de código de marzo de 2021.Cuando configuras una cartera de estas, el aparato tiene que inventarse tus doce palabras de recuperación: la llave maestra de tu dinero. Para eso lleva un chip dedicado a generar azar puro.En aquella actualización, el programa dejó de llamar a ese chip. Empezó a usar un sustituto de software que no era azaroso. Era predecible.Lo que tenía que ser una lotería de 3,4 seguido de 38 ceros se quedó, en los modelos peor afectados, en algo más de un billón de combinaciones.Un billón parece mucho. Para un ordenador es una tarde.Cinco años ahí, sin que nadie se diera cuenta. Hasta que alguien se dio cuenta.En cuatro oleadas se llevó entre 112 y 130 millones de dólares de más de 5.200 direcciones. La cifra exacta todavía baila según quién cuente: Galaxy Research y TRM Labs no la han cuadrado. La horquilla es esa y conviene decirlo así.El detalle que más duele: actualizar el firmware no arregla una semilla ya generada. Si tu llave nació débil, nace débil para siempre.El señor de la caja de seguridad.Uno de los afectados, Jonathan Goodman, contó su caso en público. Dieciocho bitcoin.Su aparato estaba en la caja de seguridad de un banco. Nunca lo conectó a internet. Nunca compartió sus palabras con nadie.Hizo absolutamente todo bien.Y lo perdió igual, porque el fallo estaba en la fábrica, no en su comportamiento.Ha dicho que no piensa volver a invertir en bitcoin ni a usar una cartera fría.Lo entiendo perfectamente.Y ahora la parte más extraña.¿Sabes qué pasó la semana siguiente?Los trece ETF de bitcoin que cotizan en Estados Unidos —los fondos que te dan exposición a bitcoin sin que tú toques una llave— captaron 853,5 millones de dólares. Su mejor semana desde abril, según los datos que recopila Bloomberg.Justo después del susto.Traducido: a mucha gente le fallaron sus propias llaves y su reacción fue pedirle a BlackRock que se las guarde.Y ahí está la cosa. Esa reacción no es tonta. Es una decisión legítima que cambia unos riesgos por otros.Si custodias tú, asumes que el fabricante meta la pata, que se te pierdan las palabras, que te equivoques tú.Si delegas en un fondo, asumes riesgo de contraparte, riesgo regulatorio, y renuncias a usar ese bitcoin para nada que no sea mirar la cotización.No hay opción limpia. Hay opciones distintas con facturas distintas.Por eso la frase que lleva quince años en todas las camisetas del sector, “not your keys, not your coins”, si no son tus llaves, no son tus monedas, es verdad y está incompleta.La versión completa no cabe en una camiseta: si son tus llaves, también son tuyos todos los fallos de quien fabricó el aparato donde las creaste.Lo dijo mejor que yo Ari Redbord, de TRM Labs: la autocustodia mueve el riesgo, no lo elimina.Los del dadoHay un detalle en esta historia que me parece lo más honesto que he leído en meses.Los aparatos afectados tenían una opción alternativa: generar tus palabras tirando físicamente unos dados y metiendo tú los resultados. Tedioso. Lento. Cosa de paranoicos.Las carteras creadas así se consideran a salvo. El azar lo pusiste tú, no el chip que falló.No lo cuento para que salgas corriendo a comprar dados. Lo cuento porque enseña dónde estaba la diferencia.No en tener el mejor aparato. En entender qué parte del proceso estabas delegando, y en quién.Los del dado no eran más listos. Eran los únicos que sabían qué pasaba dentro de la caja.Dónde vive tu riesgo.Los números del año apuntan a lo mismo. TRM Labs contabilizó 972 millones de dólares robados en el primer semestre de 2026, repartidos en 207 incidentes. Menos dinero que en 2025, pero el mayor número de ataques jamás registrado en seis meses.Y el dato que importa: los fallos de infraestructura y de claves fueron el 15% de los incidentes y el 76% del dinero perdido.O sea, la mayoría del dinero no se pierde porque alguien pinche donde no debe. Se pierde en las tuberías.Mientras tanto, el mercado está para lo que está. Bitcoin ronda los 63.000 dólares, casi un 48% por debajo del máximo de 126.080 que marcó en octubre de 2025.Los ETF han cerrado su primer semestre en negativo desde que existen, con 5.400 millones de salidas.Y aun así, la semana del hackeo la red de bitcoin registró 2,27 millones de carteras nuevas y unas 751.000 activas al día.El mayor movimiento en meses. Con las entradas a los exchanges por debajo de su media, o sea que no era gente vendiendo.Era gente corriendo a ponerse a salvo.Fíjate en la ironía.El mayor movimiento del verano en la red no lo trajo una subida.Lo trajo un susto.Entonces, nos quedamos con una cosa.Cuando alguien me pregunta si esto es seguro, la respuesta honesta nunca es sí o no.Es: depende de dónde estés dispuesto a poner la confianza, porque en algún sitio la vas a tener que poner.En el fabricante del aparato. En una empresa regulada. En un exchange. En tu propia cabeza y en un papel dentro de un cajón.No existe la casilla de “no elijo”.Existe elegir sabiendo. Y existe elegir sin enterarte. Entre las dos solo hay una diferencia, y no es el dinero que tengas: es cuánto has estudiado antes de decidir.

    20 Aug, 2026